lunes, 3 de diciembre de 2012

Una conjetura descabellada (y II)

Si esto fuese una verdadera teoría, lo titularía "Sobre la estructura neuronal de la herencia genética", o algo por el estilo; como no es mucho más que una intuición, lo dejaré sin título. Quienes hayan leído mi entrada anterior, sabrán ya que no es mi intención desbaratar la teoría de la evolución de Darwin—sino todo lo contrario—, y esto conviene aclararlo, porque lo que sigue podría malinterpretarse como una adhesión a las teorías revisionistas del diseño inteligente. Si digo esto, es porque, en cierto modo, la conclusión a la que me lleva esta hipótesis, es a una especie de diseño inteligente, pero sin intervención divina. Soy consciente de que lo que sigue, podría ser una intuición brillante o no pasar de una simple idea interesante sin relación alguna con la realidad; o aun ser una tontería como una catedral. Pero basta de divagaciones.

La idea es bastante simple: que el patrimonio genético de una especie se comporta de modo semejante a una red neuronal. Consideremos por un momento esta comparación con el cerebro: de la misma forma que una neurona —cuya única función es transmitir el impulso nervioso—es incapaz de pensar, un organismo vivo concreto no puede resolver el problema evolutivo de la adaptación a un entorno cambiante. Pero, al mismo tiempo, de igual modo que todo cambia al conectar las neuronas entre sí —en el sentido de que el comportamiento colectivo de la red neuronal permite el pensamiento y, por tanto, de la resolución inteligente de problemas—, el conjunto de todo el patrimonio genético de una especie se comportaría de modo tal, que parece una inteligencia capaz de resolver problemas. Un ejemplo semejante podría brindarlo una colonia de hormigas o de abejas. Cada individuo sólo sabe desempeñar una determinada tarea, pero la colonia como conjunto es capaz de afrontar los problemas. Así, el patrimonio genético, como el cerebro, recuerda los cambios acaecidos en el entorno a lo largo de la historia evolutiva de la especie, y el mecanismo que hace que un cerebro fije un recuerdo —la repetición—, podría ser semejante al modo en que un gen se reforzaría (véase la entrada anterior, tan descabellada como esta) con la repetición de su expresión, sea individual o colectiva. Sé que esto es pura especulación, pero ya he dicho que es sólo una intuición, más o menos razonada; una interpretación audaz de los hechos, si lo prefieren. Pero, así es como avanza el pensamiento, ¿no? Proponiendo ideas; después de todo, lo peor que puede ocurrir es que esté equivocado. Continuando con el parangón, anterior, me pregunto si la reproducción sexual y la transmisión de los propios gene a ella asociadas, actúan de modo semejante a la sinapsis neuronal en un cerebro. Si a esto añadimos la idea expuesta en la entrada anterior —que pudiese existir un mecanismo de reciprocidad entre un individuo y su código genético—, tendríamos algo similar a la comunicación de un cerebro con el mundo exterior, un remedo de los órganos sensoriales. Quizá la simple selección natural obre de este modo, aunque yo tengo mis reticencias; como ya he dicho, intuyo que este mecanismo es sólo una parte de los que están actuando. Visto así, la especie, considerada abstractamente como un todo, parecería actuar de manera inteligente, resolviendo problemas planteados por los cambios en el entorno, y no ya como resultado de una simple combinación del azar y la selección natural; y también explicaría por qué parece esconderse la mano de una inteligencia divina tras la perfección de las soluciones de la naturaleza. Los individuos no piensan en las soluciones, pero la superestructura resultante—la especie y sus genes— actúan como una inteligencia.

En fin, espero no haberos aburrido demasiado y, en todo caso, pediros que no me juzguéis muy duramente, si lo dicho os parece una tontería. Sólo se trata de una reflexión en voz alta.

Gracias,

El autor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario