jueves, 27 de septiembre de 2012

La pelota que no quería botar



Por Carlos Olalla LInares

En el museo donde se guardan los objetos más extraños de la ciudad, junto a una sábana con un gran roto en forma de siete, hay una pelota. Parece una pelota corriente, pero no lo es. Esta pelota se niega a botar. Si la lanzaseis contra el suelo, se limitaría a quedarse allí, con un “pof” como de trapo. Preguntad al conservador del museo, y os contará que hay varias versiones para explicar este extraño fenómeno: que el juguetero que la fabricó la hizo para alguien que le debía dinero, y que la confeccionó de tal modo, que la pelota no botase hasta que este saldara su deuda; que la goma con que está fabricada procede de un caucho sobre el que pesa una terrible maldición lanzada por un hechicero, que vengaba así una grave afrenta familiar; que la pelota es una rebelde que se negó a seguir botando, harta de la popular canción infantil “Bota, bota mi pelota”; o que la pelota, simplemente, se cansó de obedecer la ley de la elasticidad. Pero la verdad es esta: que aquella humilde pelota se fabricó durante una de las muchas guerras que han asolado la Tierra, y que, entristecida por las cosas que había presenciado, perdió las ganas de jugar y dejó de botar; y no volverá a hacerlo hasta que reine la paz entre los hombres. ¿Creéis que tendrá que esperar mucho?

FIN

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