viernes, 28 de septiembre de 2012

El basurero que fue rey




Por Carlos Olalla

Había una vez un empleado de basuras que, una noche, encontró en la basura una corona real. El hombre, que nunca había visto una corona de verdad en toda su vida, la rescató de la basura y se la llevó a su casa. Cuando mostró a los demás su hallazgo, todos comenzaron a decir que, puesto que estaba en posesión de una corona, probablemente el basurero debía de ser el legítimo rey. ¿Por qué, si no, tendría una corona? El asunto se debatió arduamente y, finalmente, el basurero fue proclamado rey. El pobre se sentía un tanto abrumado, pues era un hombre sencillo que no sabía nada de las cosas del gobierno; pero también era un hombre despierto y, como había recorrido las calles de la ciudad tantas veces, sabía bien cuáles eran los problemas que padecía su reino. El antiguo empleado de basuras realmente quería hacer algo bueno por sus súbditos. Y, como no existe mejor combinación de cualidades que estas en un rey, gracias a sus sabias decisiones el reino pronto prosperó. En poco tiempo, se convirtió en el monarca más amado por su pueblo que haya conocido el mundo. Sin embargo, un día se presentó una demanda contra el buen rey: un hombre lo acusaba de ser un usurpador. Los súbditos del ex basurero estaban consternados, pero las pruebas del querellante eran irrefutables: la corona le pertenecía y podía demostrarlo; y, por tanto, él era el legítimo rey. El juez falló a su favor. El antiguo basurero fue despojado del trono y devuelto al servicio de recogida de basuras, y el demandante fue restituido en su dignidad real. Y, aunque sus malas decisiones le hicieron merecedor del título de “Peor rey de la Historia”, nadie en el reino pudo discutir que era su legítimo rey.

FIN
Madrid, 11 de septiembre de 2012






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