lunes 12 de septiembre de 2011

La tierra de los hombres sin honor

Las imágenes lo habían horrorizado, aunque no era esa la intención de quienes se las habían mostrado. Todo lo contrario. Pero sus recuerdos eran nítidos, punzantes. En medio de las tinieblas había algunas luces—eso era verdad—, sólo algunas llamas que ardían solitarias y que, por eso mismo, le parecían aún más tristes. Todos los días, se sentaba a esperar el amanecer, pero por aquel cielo sombrío el sol pasaba de largo. Muy lejos, al otro lado de las montañas, el resplandor que iluminaba las nubes era el indicio cierto de que más allá del horizonte existía, tal vez, la luz que tanto había estado esperando.

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