martes, 17 de agosto de 2010

El conejito

"... dos tiros casi simultáneos pusieron fin a la silenciosa espera. «Arguto» depositó a los pies del príncipe un animalito agonizante.
   La modesta casaca de color arcilla no había bastado para salvarlo. Horribles desgarraduras le habían lacerado el hocico y el pecho. Don Fabrizio sintió sobre sí la mirada de los grandes ojos negros que, invadidos rápidamente por un velo glauco, lo contemplaban sin reproche pero poseídos por un dolor atónito dirigido contra el orden de las cosas. Las aterciopeladas orejas estaban ya frías, las vigorosas patitas se contraían rítmicamente, símbolo superviviente de un inútil impulso: el animal moría torturado por una ansiosa esperanza de salvación, imaginando poder todavía librarse cuando ya había sido apresado, como tantos hombres."

El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

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